Hace unos años trabajaba en una empresa internacional y estaba terminando mi carrera en Comercio Internacional. Un día me dijeron en mi trabajo que, cuando me recibiera, me iban a ascender, que podía hacer carrera y que podía llegar muy lejos en la empresa. Cualquiera se hubiera puesto contenta con esa noticia, ¿verdad?
Yo no. En ese momento vi mi vida pasar. Me sentí parada, inmóvil, en el medio de una estación de subte, mientras todo el mundo pasaba a mi alrededor tan rápido que ni siquiera podía verlos. Me di cuenta de que estaba viviendo en automático, dedicando mi vida a algo que no tenía sentido para mí.
Ese mismo año renuncié. Dejé mi trabajo, la universidad, mi casa y mi pareja de ese momento, y me fui a Estados Unidos a trabajar en una granja, sin saber el idioma y sin conocer a nadie, sin saber lo que me esperaba. Al siguiente año empecé a estudiar coaching y otras herramientas de autoconocimiento, que me hicieron la persona que soy hoy.
Por eso sé que mi pasión es acompañar a personas que, como yo en esa estación de subte, están viviendo una vida en la que no se reconocen, una vida que no las representa, y no saben bien cómo llegaron hasta ahí. Acompañarlas a que se escuchen, se encuentren consigo mismas, sigan sus sueños y dejen de postergarse.
Nadie sabe mejor que vos qué es lo mejor para vos, porque nadie más está viviendo tu vida. Solo necesitás reencontrarte y bajar el volumen del ruido de afuera para volver a escuchar tu propia voz.